Los pies nos resultan tan distantes y desconocidos que cuando alguien comete un error de razonamiento solemos decirle que "piensa con los pies". Solamente nos acordamos de ellos para lamentarnos cuando nos duelen porque llevamos un calzado apretado o hemos permanecido durante muchas horas de pie. Pero lo que solemos ignorar es que los pies son el soporte o fundamento no solamente de nuestra salud física, sino de nuestras emociones. Los orientales representaban al Tao, la Unidad, como un pie en la actitud de dar un primer paso, pero al mismo tiempo de iniciar un primer pensamiento. Con ello simbolizaban la unidad mente-cuerpo, los dos polos opuestos del organismo en total fusión creadora.
Cuando un pie se deforma, toda nuestra salud se ve afectada y sin embargo apenas les damos importancia, incluso solemos hablar con desprecio de ellos con frases como: "meter la pata", "andar con pies de plomo", "levantarse con el pie izquierdo", "estar hecho con los pies" o "cantarle los pies". Incluso la propia medicina siempre ha considerado como "un mal menor" los problemas de los pies, a pesar de ser el centro de muchos dolores y de una gran variedad de afecciones.