David Herranz (Zaragoza, 1977) firmó su primer libro, “Como quien pide permiso para la soberbia”, con el seudónimo David Roxá: aldabonazo a nuestra poesía débil de comienzos de siglo por su indagador fondo de afirmación y dignificación del yo lírico y por su forma electrizante, fustigadora.
Su nueva entrega rompe con el estilo anterior, no el oteadero desde el que se asimilaba la realidad. Nuestro poeta se adentra en la escritura de este intensísimo monólogo interior en respuesta a la alarma de sentir cierta pérdida de rectitud poética y fidelidad pensante, consciente del riesgo que supone olvidar, olvidarse, para el gran escritor: “tengo todo el pasado por delante”, dijo Jorge Luis Borges. No se aplica a la escritura de un libro bonito o sencillamente de poesía, se censura estar perdiendo la lucha de la memoria y alejarse de su fuego interior y su verdad creativa.